La España de la dictadura del general Francisco Franco tuvo en mente hacerse con la bomba atómica. Décadas de trabajo llevaron al país a estar a un paso de lograrlo, aunque finalmente el programa acabó desechándose en pos de mantener las relaciones con EE.UU.
La idea llegó a finales de los años 40 y comenzó a materializarse a principios de la siguiente década, en plena Guerra Fría. En el Gobierno español miraban con recelos la dependencia del gigante norteamericano. La guerra no declarada de Ifni (que enfrentó España y Francia contra Marruecos) y el recelo hacia el vecino del sur dieron el espaldarazo definitivo.
Los avances teóricos y materiales llegaron a suponer una preocupación para la agencia de inteligencia estadounidense, mientras que la llegada de la transición, y después el reinicio de la democracia, acabaron dando carpetazo a un proyecto que habría situado a España en el club de las potencias atómicas, que tan solo cuenta con nueve miembros.
Sumándose a la carrera armamentística de la Guerra Fría
El proyecto tomó el nombre de un toro, aquel que en 1947 acabaría con la vida del torero Manolete, un hito todavía presente en la mente colectiva de la sociedad españolas tantos años después.
El plan empezó a gestarse después de que en 1948 se creara la Junta de Investigaciones Atómicas (JIA), cuando en 1951 fue rebautizada con el nombre de Junta de Energía Nuclear (JEN). Fue entonces cuando se empezaron a sentar las premisas del proyecto de bomba nuclear.

Bajo la guía del ingeniero del Ejército español Guillermo Velarde, con una brillante formación en EE.UU., y de la mano del impulso del capitán general Agustín Muñoz Grandes, jefe del Estado Mayor de la Defensa y vicepresidente del Gobierno, echó a andar el proyecto.
De hecho casi todos los detalles que se conocen han trascendido gracias a Velarde, que en 2016 publicó el libro 'Proyecto Islero: Cuando España pudo tener una fuerza de disuasión nuclear' y después narró con su propia voz la historia del proyecto que dirigió desde el primer momento para Radio Televisión Española.
El trabajo intenso llegó en la década de los 60, cuando se concluyó que la única posibilidad viable era la fabricación de una bomba de plutonio, porque el enriquecimiento de uranio requería por aquel entonces instalaciones demasiado complejas y costosas.
Así, se planteó un proyecto en nueve etapas, que incluían, entre otras, el desarrollo de códigos de cálculo para determinar la configuración y la masa crítica de las bombas, los explosivos convencionales necesarios para su detonación, así como la elección de un reactor nuclear capaz de producir plutonio.
Un accidente dio alas al proyecto
En 1966, un bombardero B-52 de la Fuerza Aérea de EE.UU. chocó con el avión cisterna KC-130, también estadounidense, que le suministraba combustible en vuelo sobre la pequeña localidad de Palomares, que entonces apenas superaba los 1.000 habitantes, en el sureste de España.

La primera aeronave cargaba cuatro bombas termonucleares de 1,5 megatones (unas 7.000 veces más potente que la bomba lanzada sobre Nagasaki). Tres de ellas cayeron en tierra y una en el mar. Los técnicos de Velarde se apresuraron a inspeccionar la zona para encontrar los restos de esas bombas.
Su análisis permitió a los españoles conocer las claves de las bombas de hidrógeno, conocido como el proceso Teller-Ulam, tras lo que España se convirtió en el quinto país en conocer esa información, uniéndose al club en el que solo estaban EE.UU., la URSS, Francia y China.
¿Para qué una bomba nuclear?
España se encontraba en los primeros años tras el fin de la Segunda Guerra Mundial aislada internacionalmente, después de la derrota de los países del Eje, antiguos aliados de Franco. Todo empezó a cambiar a partir de 1953, cuando firmó con Washington los Pactos de Madrid. Dos años después, España finalmente entró en la ONU y comenzó el reconocimiento internacional.

Sin embargo, el régimen siguió conservando una visión nacionalista, poco atlantista, y pensó que el armamento nuclear le daría una independencia de EE.UU. y de la OTAN y comenzaría a jugar en otra liga en el escenario internacional.
Además, tras la independencia de Marruecos de Francia, en 1956, y la guerra no declarada de Ifni, que enfrentó a España con el país alauí a cuenta del territorio del antiguo protectorado español, el régimen de Franco comenzó a recelar de las ambiciones territoriales de Marruecos, por lo que convertirse en una potencia atómica pasó a formar parte de sus intereses disuasorios.
¿Estuvo cerca de conseguirlo?
En 1973, España tenía ya capacidad para fabricar tres bombas de plutonio al año. Unas conclusiones que en diciembre de ese año el entonces presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, parece ser que mostró en una reunión con el secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger.
Ese día, Kissinger abandonó Madrid y un día después, el 20 de diciembre, Carrero Blanco falleció en un atentado. Aunque el atentado con coche bomba se adjudicó al grupo terrorista ETA, siempre han corrido insinuaciones sobre la relación con sus pretensiones nucleares.
En esa década, la CIA mostró su preocupación, señalando que España podía obtener armas nucleares en los próximos años, que tenía reservas propias de uranio y que contaba con un extenso programa nuclear: tres reactores operativos, siete en construcción y otros 17 proyectados, así como una planta piloto para el enriquecimiento de uranio. Sin embargo, por aquel entonces todavía se estimaba que el país necesitaría todavía por lo menos una década para terminar de desarrollar su programa de armas nucleares.
Para 1977, las instalaciones nucleares del Centro de Investigación Nuclear de Soria podían producir 140 kilos de plutonio al año, lo necesario para producir 23 bombas atómicas en un ejercicio.
¿Ayuda francesa?
A principios de la década de 1960, España inició conversaciones con Francia para comprar un reactor nuclear que se situaría en la provincia catalana de Tarragona y que estaría destinado a producir el plutonio para la fabricación de bombas atómicas.

En aquellos años, la Francia del presidente Charles De Gaulle era uno de los pocos países europeos que miraba con cierta simpatía a la España franquista, con la vista puesta a tener un socio nuclear en Europa y no depender de EE.UU.
En aquel entonces se llegó a constituir la Compañía Hispano-Francesa de Energía Nuclear S.A. (HIFRENSA) para construir una planta y montar el reactor que debía entrar en funcionamiento en 1972. España contó con asistencia técnica de Francia para montar el reactor.
¿Por qué se desmanteló el proyecto?
Ni la muerte de Carrero Blanco, ni, dos años después, el fallecimiento del dictador, acabaron con el proyecto atómico español. Sin embargo, el impulso que querían darle Carlos Arias Navarro, sucesor de Carrero Blanco en el Gobierno, y después Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia, chocó con la presión estadounidense.
La potencia norteamericana quería que España firmase el Tratado de No Proliferación, lo que suponía renunciar a sus ansias por formar parte del club de los países que poseían el destructivo arsenal.
La llegada del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) al poder en 1982 acabó con las esperanzas, con el presidente Felipe González resuelto a permanecer en la OTAN y a ingresar en la semilla de la Unión Europea (UE), la Comunidad Económica Europea (CEE), y consciente de la necesidad de abandonar las expectativas nucleares para lograrlo.
El 13 de octubre de 1987 el Gobierno de España firmó el Tratado de No Proliferación que puso fin definitivo al Proyecto Islero.








